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La economía empresarial prospera en mercados transparentes y abiertos, considerando distintos frentes: la registración de las empresas y la propiedad, el otorgamiento de permisos, las contrataciones y los despidos del personal, el acceso al crédito. El informe del Banco Mundial que cubre ciento cincuenta naciones muestra que los diez países en los cuales es más fácil emprender son, en orden decreciente, Nueva Zelandia, Singapur, Estados Unidos, Canadá, Noruega, Australia, Hong Kong/China, Dinamarca, Reino Unido y Japón. Italia queda relegada al puesto 70. Las otras dos grandes economías de Europa continental, Alemania y Francia, ocupan, respectivamente, las posiciones 19º y 43º.
Irlanda y el área escandinava se posicionan muy bien, haciendo ver que el éxito económico se entrecruza con la capacidad de crear y desarrollar empresas en ambientes que tienden a no interponer obstáculos a las fuerzas empresariales. En nuestro país (Italia, ndr) el desarrollo de la economía empresarial está particularmente penalizado por el régimen de permisos (93° puesto) y por el exceso de reglas sobre la contratación y despido de personal (138°). Tampoco son satisfactorias las posiciones ocupadas por el acceso al crédito (51° posto), registración de las compañías (48°) y lanzamiento de nuevas empresas (45°).
Actitudes y prácticas burocráticas son el denominador común de la mala prestación italiana. En ocasión de las elecciones alemanas todas las partes políticas convinieron sobre la necesidad de reducir 90 mil leyes y reglamentos que sirven a nutrir más de 4 millones de burócratas, sofocando así motivaciones, oportunidades e iniciativas empresariales.
Pero no todo es burocracia nacional. Una buena parte fue inventada en Bruselas. Una jungla de programas europeos fáciles en cuanto a sus fantásticos acrónimos pero pesantes en los procedimientos administrativos para las licitaciones y las ejecuciones de los programas mismos que deberían incentivar la economía de emprendedores en el ámbito de la Unión Europea. Sucede en vez que ese sinfin de programas europeos es como un canto de sirenas que desvía a muchos jóvenes creativos de la ruta de los proyectos emprendedores para dirigirlos hacia la consultoría relativa al llenado de formularios que organismos públicos y empresas privadas presentan a la eurocracia de Bruselas con el fin de vencer las distintas competencias para la ejecución de estos programas. Así, más que crear empresas que operan sobre los mercados, se hace crecer la corte de los consultores a la sombra del dinero público. Los referentes no son más los mercados y los consumidores de nuevos bienes y servicios que abundan en la econonomía empresarial, sino burocracias, lobbies y facciones políticas que pululan dentro y a los costados de los palacios de la Comisión Europea.
Mientras abundan los programas comunitarios, en China e India, no obstante una cantidad impresionante de burocracia (en China hay 46 millones de burócratas censados), una ola alta de nuevas empresas alcanza playas mercantiles nuevas e incontaminadas de reglas burocráticas. Y en Taiwan la economía empresarial aparece libre de jugar el rol regenerativo de una sostenida dinámica demográfica de empresarios, con una vida media de la empresa igual a la mitad que en el resto del mundo. Por qué entonces maravillarnos si nuestros mercados son invadidos por productos chinos o indios?. Nosotros, con las burocracias nacionales y de la Unión Europea, producimos programas; ellos, haciendo empresas nuevas para mercados nuevos, desarrollando productos y servicios que satisfacen las exigencias de franjas cada vez más vastas de consumidores.
Pietro Formica International professor of Knowledge Economics and Entrepreneurship - School of Economics and Management della Beijing University of Aeronautics and Astronautics di Pechino |